Tiempos pendulares
Islera
Exposición Dúo de Natalia Mejía y Lucía Hinojosa
20 de Julio - 17 de Agosto de 2024
Vemos nuestro cuerpo cambiar, sentimos la piel envejecer. Todo es parte de los ciclos de vida: regeneración de la Tierra. También es una evidencia de cómo el tiempo se mueve en el espacio que ocupamos. ¿Cuándo el humano se dio cuenta que el tiempo era tiempo? Aunque no hay un consenso exacto del momento en que se utilizaron los primeros relojes y calendarios, probablemente la observación de los cuerpos celestes despertó el deseo de dar sentido a nuestra breve existencia.
Presenciamos en el cielo nocturno el brillo de estrellas extintas. De vez en cuando vemos pasar meteoritos o eclipses y caemos en cuenta de cómo nos movemos con el Universo. Estos cambios suceden, porque el espacio del Universo está en constante expansión. En un impulso entrópico el tiempo se acelera. Damos cuenta de ello en nuestros cuerpos al sentir el transcurrir de los días.
Si el Universo en vez de expandirse se contrajera, el tiempo iría más lento y con ello nuestros recuerdos se borrarían, hasta regresar a ser materia condensada en una nube en ebullición.
Tiempos Pendulares, parte de esta intención por imaginar otras formas de leer el flujo del tiempo. Las obras de Natalia Mejía y Lucia Hinojosa dialogan desde una sensibilidad poética con lo inmenso que se percibe el cosmos, para cuestionar las convenciones científicas que pese a su rigurosidad metodológica, contiene huecos por los cuales aún existe la posibilidad de especular. Ambas artistas cuestionan la linealidad del tiempo al hacer uso del círculo como punto de partida y llevarnos a través de un espacio-tiempo en constante extinción y regeneración.
En su obsesión por mirar el observatorio digital de galaxias de la NASA, Natalia Mejía pone en evidencia cómo las cartografías científicas sobre el Universo, son realmente cifras matemáticas traducidas a imágenes, hechas para nuestro entendimiento terrestre. Sin embargo, la variación de estos números da cuenta de la expansión del Universo y por tanto, de la alteración del tiempo. Así, Natalia va generando capas espaciales que en apariencia se detienen en el tiempo. En sus grabados, lo que parecen sucesos cósmicos fijos entran en un dinamismo —al superponerle materiales pedagógicos y científicos, esferas y péndulos de vidrio soplado— que revelan múltiples dimensiones de una narrativa siempre En construcción y, que a su vez, desafía el tiempo lineal.
De forma simultánea Variaciones Lunares de Lucía Hinojosa, nos atrae a sentir el tiempo profundo de un planeta convertido en Luna. Esto nos recuerda a una teoría que especula que el nacimiento de la Luna sucedió hace millones de años del impacto de un planeta primigenio llamado Tea con la Tierra, al encontrarse en la misma órbita. Al capturar fotografías de larga exposición, Lucía nos lleva por el recorrido sensible que la Luna deja a su paso. Asimismo, activa el lenguaje fosilizado de la luna a través del sonido, revelando su memoria interna y su vibrátil influencia sobre los cambios de estaciones en la Tierra, más allá de su concepción como un satélite estático.
Esta inquietud mutua de Natalia y Lucía, devela desde sus prácticas artísticas el comportamiento caótico y delicado del cosmos, la Luna y la Tierra, para configurar una danza celeste que evidencia la inextricable relación entre cada cuerpo donde lo humano no es el centro, sino parte de la vastedad de los cuerpos celestes en este espacio-tiempo.
Co - curaduría con Adriana Flores Suárez x LAVA