jauría


Fotografía:  Meritxell Ahicart
Fotografía:  Juan R. Peiró
Fotografía:  Juan R. Peiró
Fotografía:  Juan R. Peiró
Fotografía:  Juan R. Peiró
Fotografía:  Juan R. Peiró
Fotografía:  Juan R. Peiró
Fotografía:  Juan R. Peiró


Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)

Exposición individual Yolanda Benalba

16 de Abril - 21 de Junio 2026


Hay una cadena de historias en la vida propia que buscamos ocultar. El cuerpo se hace pequeño, como si perdiera masa muscular frente a recuerdos dolorosos. Lo que no logramos soltar en palabras se vuelve un alarido que sofoca el grito. El cuerpo se deglute y la palpitación se acelera como si el corazón quisiera salir huyendo sin encontrar salida. Ante el miedo que nos da contar, el refugio suele ser el aislamiento: huimos de la violencia, pero también huimos de nosotrxs mismxs, incapaces de mirar la escena completa de lo que nos hirió.


El trauma no solo se fija en la cabeza: al recordarlo, reactiva cada poro de la piel, la respiración se agita y el pulso muestra que estamos en modo supervivencia. La voz se apaga, no logra salir: ____, ____, ____.


jauría es la primera exposición individual de la artista valenciana en España tras una década desarrollando proyectos de arte y acción social con colectivos feminizados y sexodisidentes en México. En la videoinstalación y los archivos que conforman jauría, Yolanda Benalba se acerca a ese trauma, a la toma de conciencia del postrauma y al tránsito doloroso hacia la sanación.


Frente a la palabra no dicha, propone despojar al lenguaje de lo humano y, a través de los gestos animales del lobo ibérico, pasar del aislamiento ocasionado por la violencia a un estar con otres. Saberse vivx como parte de una jauría que ha sobrellevado el dolor: lo que parece que solo carga unx, al compartirse, se vuelve experiencia colectiva.


jauría parte de una investigación sobre la voz, el cuerpo y el lenguaje no humano, vinculando un mapa emocional‑corporal. Acompañada de una partitura experimental compuesta junto a Elena Doménech, se conformó en un proceso de tallereo, un coro de mujeres y disidencias sexuales. En este encuentro, la artista invita a “hacer ruidos femeninos, chillar y dar alaridos y ser estridente”, como respuesta a la voz controlada proveniente del trauma. Los gestos animales rompen con el lenguaje domesticado y anuncian -entre aullidos, gruñidos, refunfuños, ladridos, suspiros, gañidos, gemidos y olfateos-, el reconocimiento de la compañía de otres.


La videoinstalación conformada por cuatro actos, traza ese viaje afectivo. I. La huida abre con una voz solitaria en modo supervivencia. II. El encuentro presenta al grupo de lobas que reconoce esa herida y acoge a la fugitiva. En III. La conversación las voces comparten violencias y deseos de otros mundos posibles. Finalmente, IV. La furia estalla como aullido colectivo para ocupar espacio, marcar territorio y afirmar a viva voz el derecho a la justicia, la reparación, el deseo y la vida.


En la familia elegida de la jauría aparece la posibilidad de sanar. La voz que antes se ahogaba en el cuerpo encuentra sostén en el ruido compartido, en una escucha recíproca. Para sanar nos necesitamos unes a otres, en un canto de aullidos de reconocimiento mutuo.