Donde sopla el viento de obsidiana



Islera

Artistas: Dulce Chacón y Adela Casacuberta

21 de Septiembre- 12 de Octubre de 2024




Caminar por el Bosque de la Primavera, Jalisco, es recorrer una memoria que trasciende la dimensión humana del tiempo. Las erupciones volcánicas que una vez devastaron el paisaje, cubriendo el terreno con lavas, rocas ígneas y depósitos de cenizas, desataron las redes necesarias para la interconexión de múltiples cuerpos en este ecosistema. Así, la palpitación de los seres que lo habitan —visibles e invisibles— da cuenta de un ciclo de destrucción y regeneración que refleja los ritmos primitivos de la Tierra.

En este sentido, la investigación matrices, efluvios y deseos, de donde parte esta exposición de la artista Dulce Chacón, surge de una intención sensible: acercarse, a través de una observación y escucha activa, para generar lazos con la vastedad de las entidades que viven en, para y por el Bosque de la Primavera. La conexión de Dulce con este comienza con un saludo involuntario durante su primera inmersión: entre pasos distraídos, pisa una serpiente. Ese gesto imprevisto marca un vínculo de consciencia de ser, por un momento, un cuerpo-animal más dentro de la trama del bosque. Así, en este encuentro accidental, se abren las fauces de la serpiente-tierra y surge un portal que permite atravesar su interior y transformar la percepción de mundos en movimientos asimétricos.

Los gestos de su cuerpo comienzan a generar lazos afectivos con los pinos y encinos milenarios que enmarcan el cielo. Entre sus pasos, recorre campos de obsidianas dispersas que dan cuenta del origen volcánico de sus caminos. Al tocar el río, halla piedras de la zona con amarres que revelan la relación espiritual que conecta lo humano con lo no humano; son peticiones a las entidades boscosas. Crea amuletos con tintes obtenidos de plantas del bosque utilizadas para curar el “mal del aire” —vientos o aires nocturnos de energía negativa, enfermedades o espíritus malignos—, los cuales abraza a los árboles para impregnarlos de un viento regenerador.

Mientras tanto, sigue re-conociéndose en la inmensidad de este cuerpo. Cuida sus pasos, no vaya a ser que pise otra serpiente o caiga en madrigueras u hormigueros que resulten ser, por error, portales al inframundo. En la importancia de generar una reciprocidad dinámica con el ambiente y otros seres, se evidencia la red fúngica del bosque, la cual crea un recorrido subtérraneo que posibilita la comunicación entre las arboledas a través de sus raíces, en un equilibrio entre vitalidad y putrefacción.

Al recorrer la exposición, surge un gesto fúngico con la pieza Ensayos en el origen, en cerámica, de la artista uruguayo-mexicana Adela Casacuberta. Esta obra genera un intercambio de ideas entre ambas artistas, cuyas inquietudes son similares. El bosque y sus interacciones se exteriorizan en un diálogo conjunto sobre la urgencia de abrir nuestras percepciones a un ecosistema impactado por un "mal del aire" extractivista. Adela, en Ensayos en el origen, revela que la aparente red invisible del micelio puede dar cuenta de las relaciones íntimas entre el cuerpo enfermo y un ecosistema herido.

En este contexto, Donde sopla el viento de obsidiana presenta un primer desglose de obras en cerámica, dibujos e instalaciones de Dulce Chacón que reverberan con el Bosque de la Primavera. Así, plantea un fragmento de esta experiencia sensible entre sus seres y ella para abrir la reflexión sobre cómo establecer lazos con cuerpos-más-que-humanos. Sentimos, por un momento, en la vorágine de la ciudad, un bosque que se manifiesta en una danza constante, revelando su inusitada capacidad de regeneración frente a la pérdida.